RAFAEL MICHELENA FORTOUL: REÍR PARA COMER
Por: Juan Alonso Molina (Historiador, cronista gastronómico, cocinero)
Especial para la revista Fabla Salvaje Magazine
Barquisimeto, 6 de marzo de 2025
Nada mejor para conocer a alguien que saber de qué se ríe, y lo
mismo se puede aplicar a un tiempo. Federico Guzmán Rubio
Que un poeta, humorista y ensayista tan sensible, culto y estudioso como Aquiles Nazoa lo haya tenido como el autor más original de la generación de jóvenes redactores y caricaturistas nucleados alrededor de Leoncio Martínez (Leo) y Francisco Pimentel (Job Pim) durante la primera y más meritoria etapa del legendario semanario humorístico “Fantoches”, publicado en Caracas entre 1923 y 1932 para vergüenza y crispación del dictador Juan Vicente Gómez, pero deleite de los venezolanos, nos dice mucho de la singular calidad e ingenio de la obra de Rafael Michelena Fortoul (Barquisimeto, 1897-Los Teques, 1933) mejor conocido en aquellos años como Chicharrita, seudónimo con que habitualmente firmó cuando menos 127 composiciones de hilarante agudeza gastronómica, en su mayoría poemas, pero también letras de canciones y comedias, hasta donde hemos podido indagar.

Nazoa fue también el editor de la única recopilación póstuma de algunos de sus trabajos humorísticos que existió por mucho tiempo, publicada con el título de El Sabroso Chicharrita en 1962, donde llega a considerarlo “nuestro Arcipreste de Hita y una especie de Peter Brueghel traducido a la poesía criollista”, aunque se equivoca al señalarlo oriundo de Altagracia de Orituco, cuando la verdad es que había nacido en Barquisimeto, como pudo atestiguarlo con el hallazgo de su partida de nacimiento, el finado poeta, bibliógrafo y documentalista larense, don Ramón Querales.
Hace más de dos décadas venimos afirmando que el conjunto de la obra humorístico-gastronómica de Michelena Fortoul lo revela como el primer cronista gastronómico venezolano, cuando ni siquiera se concebía en este país tal género como oficio o género literario. Y, desde entonces, nada ha aparecido que contradiga esta afirmación a favor de algún cronista, escritor o periodista, contemporáneo o antecesor. Tendrían que pasar dos décadas hasta el advenimiento de las reveladoras crónicas gastronómicas de Ramón David León en el diario “La Esfera”, producto de sus recorridos por la geografía nacional.
Pero nuestro vate Chicharrita no fue, en todo caso, un observador al margen, distante de los pucheros, fogones u oficiantes de quienes su apetito se servía, aspiraba a servirse o celebraba haberse servido. En sus textos, él casi nunca es alguien que va, sino que está adentro, es parte de lo que relata. Sujeto y objeto de la propia descripción, su vena creadora es también instrumento de denuncia, lamentación, a veces resignación o reclamo de situaciones en que su condición de modesto trabajador, habitante de una populosa barriada caraqueña —El Guarataro— en gran parte ajena a muchos de los servicios básicos de la modernidad urbana que todavía el petróleo no alcanzaba a comprar, se muestra en toda la compleja mezcla de aspiraciones, modestia, placer, exaltación, carencias y orgullo identitario, propias de aquel conglomerado social.
Desde luego, era larga la tradición humorística desarrollada en los medios impresos venezolanos desde mediados del siglo XIX, mucha de ella escrita teniendo como objeto de sus consideraciones aspectos, costumbres, hechos, productos o platos característicos de la gastronomía nacional. Sin embargo, no hubo uno solo entre aquellos autores —Juan José Brecca, Rafael Esteves Buroz y otros— dedicado sistemáticamente a examinar, contrastar, diseccionar o descorrer el velo sobre la cultura gastronómica vigente en su época, en particular la caraqueña, durante poco más de una década que solo alcanzó a truncar la prematura muerte del bardo larense, con apenas 36 años de edad. En otras palabras, Michelena Fortoul, primero que nadie en Venezuela y uno de los primeros en Latinoamérica, hizo de la mesa nacional y sus condumios la especialidad de su estro poético humorístico en fecha tan temprana como la década de 1920.

La importancia de su obra se acrecienta como fuente para la investigación histórica del régimen alimentario, puesto que se desarrolla en un tiempo histórico todavía falto de mayor documentación y análisis, por demás crucial en tanto que escenario de la entonces incipiente transición de la Venezuela agrícola y rural a una nación petrolera y urbana, con la consecuente transformación de la disponibilidad de alimentos y los hábitos de consumo asociados, que en muchos de sus poemas se refleja. Pero también es útil su revisión para el estudioso del lenguaje, pues Michelena Fortoul logra una síntesis muy eficaz entre el léxico y los giros propios del habla popular caraqueña y la lengua culta, literaria, propia de su formación lectora y de la práctica de la poesía lírica de aliento modernista en que también se ejercitaba. Por otra parte, una valoración de su calidad literaria, en el contexto de la poesía entonces practicada en el país, en especial la de intención humorística, espera también por su exégeta.
Para mayor comprensión de su gracia versificadora, dejemos aquí al poeta recitarnos uno de sus textos más ocurrentes, en recuerdo de uno de los platos más suculentos de la cocina vernácula:
Festejo de la sopa de rabo
Palabras de brindis del poeta
Hoy les he preparado un menú extraordinario
porque mi cumpleaños señala el calendario;
hoy cruzo el tenebroso Cabo de las Tormentas,
pues cumplo treinta años, sacando bien mis cuentas,
y al olor suculento de esta sopa de rabo
no quiero lamentarme de haber doblado el Cabo!
Oh, jóvenes poetas, levantemos la copa
y que elogien las musas el rabo de esta sopa!
Desde anoche, en remojo, el rabo puso Rito
y por eso tenemos hoy el rabo blandito;
mas, antes de atacar este rabo, primero
proclamemos que Rito es un gran cocinero.
Le he puesto coliflores, pepinillos, cebollas,
lo que aristocratiza las más modestas ollas:
repollo no le puse, pues aunque soy criollo,
me desagrada el rabo cuando huele a repollo;
pero, no le escasean zanahoria ni nabo:
alzad la tapa y ved lo bien que huele el rabo.
Oh, poetas implumes! Ya lo veo venir:
Sospecho que la sopa vais a repetir;
y, pues sois todo orejas cuando la sopa alabo,
el ágape que ofrezco será de oreja y rabo
Al final de la sopa, ya no hay vianda ninguna:
un vaso de bon vino y una siesta frailuna.
Os doy almuerzo fuerte y os brindaré la cama
y sed como las lenguas cantoras de mi fama;
pero que no haya nadie, nadie, lo pido yo,
que salga murmurando que el rabo me comió!

Valgan entonces las líneas precedentes para interesar al lector curioso y ávido de joie de vivre en el disfrute de la obra humorístico gastronómica de Rafael Michelena Fortoul, hoy disponible en forma exhaustiva.1
MICHELENA FORTOUL, Rafael. Culinaria sentimental. 2ª ed. ampliada y corregida. Barquisimeto: J.A.M.Editor, 2023. 185 p. Disponible en Amazon.com.
