La memoria es un caracol

Autor: Miguel Guédez

Cuando a muchos les produce algún tipo de escozor o urticaria hablar de cine nacional, cine con sentido de país, cine imperfecto, cine del tercer mundo, a Oscar Murat le debe de producir algún rubor interno, un cándido rubor.

El documental, La memoria es un caracol, realizado por Murat, rinde un sentido homenaje a un hombre de esos que están sembrados en la memoria colectiva del pueblo, un hombre semilla, un hombre árbol de amplia sombra y un hombre fruto. Porque la dimensión humana y el sentido de país de Luis Mariano Rivera trascienden no por lo complejo de sus composiciones o la técnica impecable de sus interpretaciones, no por haber ganado un Grammy, no por haber hecho obras de teatro comparadas a las de Moliere, sino precisamente por haber oído con atención a esa voz invisible venida del mar y que con sus dedos de espuma acarician toda Carúpano, moldeándola y dándole forma.

Mirar de frente al país, en lo más profundo de sus contradicciones, en la estupefacción que produce caminar entre un paraíso perdido y el desahucio de legiones de políticos a través de los tiempos, y detenerse ahí, en medio de un mundo ya olvidado, ajeno ya en el tiempo y a la memoria, y desenterrar el tesoro que es Luis Mariano Rivera, esa es la misión del documental que nos a ofrendado Oscar Murat. Un tesoro que hoy, sin recelo, nos comparte a todos los venezolanos.

Gracias por la obstinada persistencia de creer en lo que somos, gracias por la obstinada persistencia de sumergirte en el alma de un país, gracias por la obstinada persistencia, como un caracol que no desiste, de legarnos esta memoria para la posteridad.

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