Yo y las bestias, cuando la honestidad es una virtud

Autor: Miguel Guédez

No todo el buen cine destaca por su virtuosismo técnico, grandes planos secuencias, increíbles efectos especiales, o sets con un arte excelso. Tal es el caso de Yo y las bestias. Una película que me impresionó profundamente, primero que nada, por un factor que es poco común conseguir en el cine venezolano, y que es el relato íntimo, sobrellevado por una honestidad que realmente invita al espectador a conocer un mundo, un espacio cotidiano que no rehúye a sus aspectos más vergonzosos y que nos lleva a identificarnos con el periplo del protagonista en su afán de crear, crear a pesar del país, crear sin amigos, crear porque es una necesidad imperiosa, crear junto a sus bestias, sus emociones, su fervor.

Es loable el guion minimalista, tan bien tratado, que no aspira a grandes momentos, ni a giros inesperados para sorprendernos, sino que se mantiene en una delgada y sutil línea entre el deseo de ser, en este caso músico, y un entorno adverso, un país, unos amigos, que están en una frecuencia distinta a la búsqueda sincera de nuestro antihéroe.

Yo y las bestias es el perfecto ejemplo de una producción de bajo presupuesto, con un enfoque claro, sin pretensiones descabelladas, y, sobre todo, y creo que es en lo que radica su mayor eficacia y fortaleza, haber sido el director honesto consigo mismo. A partir de ahí, que es lo que enseñan en todas las escuelas de guion, pero que casi nadie sigue, a partir del reconocimiento personal, de nuestras ambiciones, miedos, defectos, carencias, perversiones, obsesiones y todos los trastornos psicológicos y condiciones que ha inventado el hombre moderno para describir el comportamiento humano; solo a partir de ahí, es que puedes comenzar a escribir tu guion, sea del género que sea, eso no importa, pero lo principal es saber quién eres tú, hacer consciente todas esa retajila de condiciones que acabo de enumerar. Algunos rehúyen de este proceso, por miedo, porque no quieren revivir cosas o porque piensan que es algo inútil, que lo mejor es prender la cámara, comprar cervezas y cigarros, que también, y comenzar a grabar.

Celebro este film y creo que es un buen ejemplo, sobre todo para países con tantas carencias como los del sur, en el que este tipo de historias minimalistas pueden funcionar muy bien, antes de cometer la torpeza de pretender ser quienes no somos, emulando un cine que está a años luz de nuestras capacidades técnicas, presupuestarias, de personal capacitado, etc, etc.

Si no la han visto, los invito a que la vean sin prejuicios ideológicos, analícenla, disfruten del viaje musical, y vean cómo pueden, con poco, contar una historia personal que merezca respeto, porque no oculta su verdadero ser, no tiene dobles intenciones, ni busca ser lo que no es. Gracias, Nico Manzano.

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