Autor: Miguel Guédez
Ante todo, debemos destacar la factura del film que sorprende por la gran interpretación del protagonista, tanto en su etapa de niño, como de adulto. La fotografía y el ritmo interno de las escenas también son un factor de relevancia, que permiten conectar con el humor y la picardía del venezolano.
Ahora, donde nos encontramos con los principales problemas de la película, es cuando analizamos su estructura dramática. Es una narrativa construida a retazos o anécdotas de la vida de Alí, que se van exponiendo de manera cronológica, pero que carece de un propósito que conecte al espectador de principio a fin. Al intentar abarcar mucho, se apretó poco, para que nos entendamos los que somos de la región. Es entendible que quisieron hacer una película para exaltar la figura de Alí y no tendría por qué tener ninguna objeción con esto, pero la cuestión es que para conectar con la audiencia, necesitas contar historias concretas, como por ejemplo, centrarse en un período o en un hecho particular de la vida de un personaje, y a partir de ahí, de esa emoción o momento, reconstruir su vida, sus recuerdos, su memoria. Pero como está planteado en esta película, la emoción se dispersa, no es sostenida, y vamos de una escena cómica o trágica a otra, sin un desarrollo dramático que conecte a una con otra. Esto hace que la emotividad como espectador no evolucione con el film, sino que te predisponga a ver anécdotas, pero no el desarrollo de una historia. En este sentido, el carecer de un conflicto central tanto el protagonista como el tema del film en su totalidad, es algo que realmente afecta la película.
No sé hasta qué punto recurrir a un popurrí documental del cancionero de Alí durante la película fue efectivo dramáticamente, creo que es un detalle también que te desconecta, que debilita el drama. Es una debilidad de las películas que pretenden ser apologéticas, así como también la de construir personajes infalibles, con pocas capas de profundidad psicológica y de ambigüedad, lo que le resta mucho al gran trabajo actoral desarrollado.
Aunque nunca es tarde para conmemorar a personajes que han dejado huella en la historia, parece que esta película llega en un momento en que la situación política venezolana y su propio pueblo, están agotados, extenuados de un debate que no ha progresado satisfactoriamente para las mayorías y que ha permeado negativamente en el sentir nacional, lo que hace que una historia como esta no encuentre el asidero que se merecería. Lo que se traduce en sala de cine vacía durante un lunes de media entrada.
En fin de cuentas, celebro que hayan hecho este film, muy pero muy logrado en muchos detalles, en la consagración del paisaje, en el gesto y el hablar de un pueblo, sin caer en el ridículo ni en el cliché, como mucho cine lo retrata. Un cine con mucha factura y que demuestra que su director, Daniel Yegres, sabe lo que hace, domina el lenguaje cinematográfico, sabe lo que es construir una escena, y que pervive en él una conexión con el país, auténtica, que pocas veces se ve en nuestro arte.
